En el Día Internacional de los Humedales, los especialistas consultados por LA NACION coinciden en que la protección de esos ecosistemas que ocupan 600.000 km2 de nuestro territorio (el 21,5% del país), es una deuda ambiental impostergable. No solo juegan un rol clave en la mitigación del cambio climático, en frenar los gases de efecto invernadero y en prevenir inundaciones actuando como esponjas naturales, sino que tienen un sinfín de otros beneficios para la vida de todas las especies, incluida la humana. Protegerlos es el equivalente a invertir en el mejor seguro para la casa común: el planeta tierra.

 

El combo explosivo del año pasado estuvo compuesto por una sequía sin precedentes desde hacía 60 años, altas temperaturas y una baja pronunciadísima de los ríos que dejó sin agua a los humedales de la cuenca del Paraná, el Paraguay y el Uruguay. La acción del ser humano terminó de encender la mecha: desde el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), indican que el 95% de los incendios fueron producto de la intervención de las personas. Entre las primeras causas se encuentra el uso del fuego para la preparación de áreas de pastoreo, seguidas por el abandono de tierras, las fogatas y las colillas de cigarrillos mal apagadas. En resumen: negligencia, descontrol y desidia.

Las colonias de monos aulladores, los yacarés y las más de 300 aves que constituyen el principal atractivo del Jaaukanigás, huyeron buscando refugio. “Quedó tierra pelada. Se perdieron selvas en galería, árboles de 30 o 40 años. El paisaje es desolador”, cuenta Román del otro lado del teléfono. Su familia fundó junto a otras de la zona, ocho años atrás, una cooperativa dedicada al ecoturismo. El fuego llegó a unos 20 metros de su sede y hoy los turistas le preguntan dónde están los animales que vieron en las fotos.

“Los humedales se encuentran en serio riesgo”, advierte Di Pangracio. Su agonía es lenta, larga, silenciosa y desconocida. La convención internacional de Ramsar, que protege a más de 2000 humedales en todo el mundo y de la cual Argentina es parte (hasta el momento, contamos con 23 humedales declarados de relevancia internacional), destaca que se perdió un 87% de la superficie de estos ecosistemas desde 1700 a la fecha. En nuestro país no contamos con datos precisos de esos retrocesos –“una de las tantas lagunas de información ambiental que tenemos”, según Di Pangracio–, pero la situación de emergencia no escapa a la tendencia mundial: desaparecen tres veces más rápido que los bosques.

Lo que el fuego se llevó

La cooperativa Portal del Humedal, compuesta por 10 hombres y mujeres, está presidida por Onil, el hermano de Román, y se encuentra en el centro del Jaaukanigás. En 2001, ese humedal fue el noveno de la Argentina en ser declarado Sitio Ramsar. Durante el año pasado, con el foco mediático puesto en los incendios del Delta del Paraná –que superaron en magnitud a los 2008, cuando el humo llegó hasta la ciudad de Buenos Aires–, los habitantes de Villa Ocampo circularon una declaración donde reclamaban que se abrieran los ojos ante una realidad que afectaba distintos puntos del país.

Cerrar la grieta

En un contexto de altas temperaturas en que se espera que la sequía y la baja de los ríos continúe, el peligro de nuevos incendios es una amenaza latente. “Todavía hay focos de calor a lo largo del Paraná”, apunta Gastón Fulquet, referente de la Fundación Humedales, que forma parte de la red global de Wetlands International. Explica que una de sus funciones es hacer de “cortafuegos”. Sin embargo, sin agua y arrasados por los incendios, pierden la capacidad de brindar servicios ecosistémicos que son esenciales para la vida, produciéndose más calor y nuevos incendios. Es un circulo vicioso.

Fulquet sostiene que la tragedia de 2020 puso sobre la mesa una problemática “que tiene que ver con las formas en que aprovechamos y usamos los humedales”. Cerrar la grieta entre quienes consideran que hay un antagonismo entre conservación y desarrollo (incluyendo a sectores que se oponen a la ley, como el agropecuario y el inmobiliario) y que entiendan que ambos pueden convivir, es uno de los principales retos. No se trata de no hacer un uso de los humedales, sino que sea sostenido y sustentable, reconociendo su valor y adaptándose a sus características. “El desafío es hacer que el uso de esos humedales sea sostenible, teniendo en cuenta a la gente, pero conservando sus funciones ecosistémicas”, resume Florencia Gómez, secretaria de Política Ambiental en Recursos Naturales del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación.

Nota completa: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/naturaleza-la-agonia-de-un-ecosistema-sin-marketing-pero-clave-para-el-pais-nid02022021/

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on pinterest
Share on whatsapp

Articulos relacionados

Registro de Contacto

Cookies del sitio web y su privacidad: lea cómo nuestro sitio utiliza cookies funcionales. Más información​.

Cookies del sitio web y su privacidad: lea cómo nuestro sitio utiliza cookies funcionales.

X